Cada 2 de mayo, el Centro Curarrehue se viste de devoción y memoria viva para conmemorar la tradicional Celebración de la Cruz de Mayo, una expresión profundamente arraigada en la religiosidad popular campesina.
La jornada comienza con la invitación a participar en la novena a la Cruz, guiada por el rezo del Rosario tal como lo transmitiera la rezadora tradicional “Dina Valenzuela” del sector de Santa Juana. Desde ahí, la comunidad se reúne para acompañar la "sacada de la Cruz", un recorrido por los hogares del barrio que rodea al Centro, donde se entonan versos tradicionales que dan vida y sentido a esta celebración.
Al finalizar el recorrido, se retorna al Centro para continuar el canto, el baile y la petición de bendiciones a la Cruz, en un gesto cargado de esperanza y gratitud. Como dicta la costumbre, la actividad culmina con una atención compartida entre quienes participaron del rezo, el trayecto y este momento de recogimiento colectivo.
Esta celebración es una oportunidad para renovar los lazos comunitarios, mantener viva la fe popular y agradecer juntos por los dones recibidos y por los que vendrán.

Por una manda el madero
se viste de copihuera
con velas como lumbrera
con un fiel rosario entero
acordeón, bombo lewero
guitarras en procesión
se canta con devoción
aquí está la Cruz de Mayo
sopaipillas con zapallo
el caldo y la donación.
(Hugo Harrison)
Cada 23 de junio, en la víspera de San Juan, el Centro Curarrehue se convierte en un espacio festivo donde se entrelazan la tradición, magia (misterio) y el compartir comunitario. Esta celebración, profundamente enraizada en la cultura campesina, gira en torno al tradicional estofado de San Juan, preparado con esmero y sabor, tal como lo hacen muchas familias que honran al Santo cada año.
A esta mesa comunitaria se suma la cocina tradicional como sopaipillas, pajaritos, licores caseros y postres que evocan el calor de los hogares campesinos. La jornada se acompaña con números artísticos de raíz tradicional, cuentos y leyendas recogidas de la oralidad popular, adivinanzas y juegos.
Uno de los momentos más esperados son las pruebas de San Juan, donde se entremezclan lo lúdico, lo simbólico y la creencia popular, y donde cada participante puede poner a prueba su suerte, intuición o destino. En esta noche cargada de significados, la comunidad se vuelve protagonista, reafirmando sus lazos a través del rito, la risa y la memoria compartida.
San Juan une el testimonio
de versos, cantos y cuentos
de logas y encantamientos
por el santo y el demonio
son tradición, patrimonio
sopaipilla y navegado
la guitarrera de un lado
noche mágica y distinta
entre la papa y la tinta
y un generoso estofado.
(Hugo Harrison)

Cada mes, entre marzo y noviembre, nuestro Centro abre sus puertas para celebrar uno de los ritmos más vivos de nuestra cultura campesina: el Encuentro de Cuecas Mensual. En torno a una rueda, se dan cita intérpretes, cantoras y cantores de tradición oral, para entonar cuecas campesinas que brotan con fuerza y ternura desde el alma del pueblo chileno.
Cada encuentro es único. En él se entrelazan diversas melodías, temáticas, guitarra traspuesta, versos improvisados, adivinanzas y décimas. El público no solo asiste: participa, se emociona, se suma al canto o al baile, recordando que la cueca campesina no es una pieza de museo, sino una forma viva de decir y sentir.
Este espacio no es solo una muestra musical; es una celebración comunitaria donde se reconoce y se cuida un legado que sigue en la voz de quienes lo heredan. Aquí, la cueca se comparte con respeto, alegría y con la certeza de que en cada copla hay historia, memoria y futuro.

La guitarra se avecina
con su finar y toquío
con un ímpetu bravío
o con dulzuras muy finas,
son las Cuecas Campesinas
que en la rueda nos convoca
donde la cantora evoca
el antaño y la niñez
último viernes del mes
con versos a flor de boca.
(Hugo Harrison)
Cada diciembre, en vísperas de Navidad, el Centro Curarrehue se transforma en un espacio de encuentro cálido y familiar, donde resuena el espíritu comunitario a través del canto. Invitamos abiertamente a familias, vecinas, vecinos y amistades a reunirse en torno a los villancicos tradicionales, interpretados de forma colectiva con voces e instrumentos del Centro o que son traídos por quienes participan, para ser compartidos con todas y todos los presentes.
En este encuentro, niñas, niños, personas mayores y juventudes se entrelazan en una experiencia que nos recuerda el valor profundo de reunirse a cantar: no solo como celebración, sino como gesto de cariño, memoria y pertenencia.
La jornada culmina con un compartir colectivo de alimentos y bebidas que cada asistente aporta con generosidad, reafirmando los lazos de solidaridad que sostienen a nuestra comunidad. En el Encuentro de Villancicos, no solo se entonan cantos: se cultivan afectos y se celebra el estar juntos.
Ya llega la Navidad
para grandes, para chicos
cantando los Villancicos
en fraternal hermandad
sin diferencias de edad
cada cual con su instrumento
el pesebre y nacimiento
pan de pascua y galletitas
en esta musical cita
de un luminoso momento.
(Hugo Harrison)
